“Nadie de mi familia es beisbolista ni deportista. Yo empecé a jugar cuando tenía 14 años. No tuve noción de nada de béisbol hasta que empecé a practicarlo. Siempre estuve en diversos deportes, pero ninguno me había llenado de tal forma como lo hizo éste. Aunque el proceso fue difícil, ya que no tenía el apoyo de nadie cuando empecé a jugar, jamás me rendí. Iba cada semana a entrenar sólo con un guante prestado, una botella con agua y muchas ganas de aprender. Supe que pertenecía ahí porque cada vez que pisaba un campo se me aceleraba el corazón y sólo por ese instante todo en mi vida estaba bien. El miedo nunca fue parte. El beis era la única cosa que me daba tantas emociones como se podía. Hoy en día siguen intactas esas emociones. Empecé a trabajar para tener las cosas que necesitaba para jugar. Tengo ya 17 y soy más apasionada que nunca, he progresado mucho y seguiré haciéndolo. Me siento muy agradecida por todas las personas con las que me he cruzado en el camino, que me han impulsado y han creído en mí aun y cuando yo no lo hacía. El béisbol se ha convertido en mi estilo de vida y espero que me acompañe el resto de mi vida”.

-Michel Brigite Castro Lizárraga-