“Tengo 11 años. Crecí viendo a la gente jugar béisbol y me fui apasionando, pues mi papá es maestro de béisbol y formó 15 años a un equipo de mi ciudad llamado INDIOS de Juárez. Cuando acompañaba a mi papá a sus clases, él era muy estricto y decía que las niñas no podían jugar. Pero aun así me dejaba practicar en sus clases. Un día, de repente, mi hermanita de dos años falleció y me puse muy triste y le dije a mi papá que necesitaba jugar. Así ingresé a los 8 años a una liga llamada Niños Héroes. Jugué primero con niños como filder y luego como pícher y segunda. Me fue tan bien que tuve juegos nacionales y regionales como la mejor niña en medio de tantos niños. Pero yo quería ser cácher y mi papá seguía diciendo que esa posición no porque es de hombres. Para compensarme, me dijo que me darían la oportunidad de debutar en softbol como receptora. Me fue muy bien. Otro sueño que compartía con mi padre era conocer el mar. ¡Sorpresa! Me seleccionaron para ir a un torneo nacional a Mazatlán y jugando de la mejor manera se me hizo realidad. Quedé como mejor roba bases y tuve homeruns. No cabe duda que la magia en el béisbol y softbol existe tanto entre hombres como entre mujeres”.

-Arline Santos-